Smart Cities ¿Qué son y qué queremos que sean?

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18 enero, 2013 por mobilearninguab

Hablar de ciudades significa hablar de economía, de movilidad, de medioambiente, de personas, de la administración, y en definitiva, de maneras de vivir. Pero hablar de smart cities supone dar un paso más en todos esos aspectos. Las smart cities son aquellas ciudades que aplican las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) a esos ámbitos que conforman la vida en la ciudad para conseguir, en palabras de Pilar Conesa, directora del SmartCityExpo: “ciudades sostenibles medioambientalmente, económicamente y con mayor calidad de vida”. De momento, la mayoría de los proyectos están encaminados al ahorro de energía o al uso inteligente de ésta, pero con el tiempo se espera conseguir ciudades totalmente interconectadas y completamente sostenibles. Para que las smart cities sean un éxito, entonces, tan importantes son las inversiones tecnológicas como la participación ciudadana. Sin unos ciudadanos conectados a esas tecnologías, las posibilidades que ofrecen tales proyectos quedan limitadas a opciones de recogida de información sobre la gestión de la ciudad o al uso más eficiente de la energía (que no es poco). Es la interacción entre las personas la que aporta ese valor añadido, necesario para avanzar en la implementación de entornos conectados. Cabe observar que estas aplicaciones de las TIC en el día a día de las ciudades suponen un paso más hacia la Sociedad del Conocimiento, aquella sociedad en la que la información no solo tiene un papel fundamental en la sociedad, sino que los actores sociales son capaces de ser críticos con esa información y de aprovecharla para mejorar aspectos cuotidianos.

Smarts Cities en Europa
En los últimos años han sido numerosos los proyectos de ciudades inteligentes que se han desarrollando. Por ejemplo, en Europa han proliferado tanto iniciativas conjuntas de diferentes ciudades como iniciativas independientes. La Comisión Europea lanzó en 2011 la “Smart Cities and Communities European Innovation Partnership” para crear un punto de encuentro entre empresas de los sectores de la energía, el transporte y las TIC, y entre las ciudades interesadas en esta nueva manera de convivencia tecnológica. En el primer año se financiaron proyectos relacionados con los transportes y la energía, este año se ampliará la financiación también al uso de las TIC. Otro ejemplo de proyecto conjunto es el Smart Cities, en el que trabajan diferentes poblaciones de la región del Mar del Norte. Dentro de esta iniciativa se desarrollan pequeños proyectos que en conjunto tienen como objetivo principal crear una red de innovación entre gobiernos y académicos para avanzar en el desarrollo e implantación de nuevos servicios electrónicos. Las ciudades en las que se están llevando a cabo estos proyectos son: Groningen (Países Bajos), Kristiansand and Lillesand (Noruega), Karlstad (Suecia), Norfolk y Edimburgo (Reino Unido).

 Acogida en Catalunya
En Catalunya, uno de los primeros proyectos de smart city se implantó en Sant Cugat del Vallès, aunque todavía es una prueba piloto. De momento las tecnologías se concretaron en una calle de la ciudad, con la esperanza de ampliar más tarde la cobertura a todo el territorio de ésta. Ya se han recogido los datos y el Ayuntamiento trabaja para mejorar las deficiencias detectadas. Entre otras, destacan las siguientes:

 · Aparcamiento: se instalaron 14 sensores capaces de detectar las plazas de aparcamiento libres en una determinada calle, pero estos no ofrecían datos útiles para los coches grandes que ocupan más de una plaza.

· Control medioambiental: los captadores de datos medioambientales de luz, humedad y temperatura no combinaban los resultados con otros para conseguir, por ejemplo, prevenir las heladas. De esta forma el sistema carece de ‘información inteligente’.

· Recogida de residuos: lo sensores del sistema fallaron constantemente, por lo que los datos obtenidos fueron erróneos y no permitieron concretar conclusiones.

· Panal eólico solar: parecía una buena idea para las zonas donde la red eléctrica llega con dificultad, pero el panal no ofrece información sobre la cantidad de energía generada ni el consumo de ésta, además tener una actividad sólo 5 ó 6 horas, en vez de durar encendido toda la noche.  

Smart Cities y el contexto económico
Por otro lado, y teniendo muy presente la actual situación de crisis, cabe resaltar que las smart cities son una gran oportunidad de negocio, sobre todo para los emprendedores. Convertir las actuales ciudades en ciudades inteligentes y sacarles el máximo partido necesita la participación de muchos actores diferentes: desde la administración a empresas de ámbitos como la ingeniería, el diseño o las telecomunicaciones, sin dejar de lado a los ciudadanos. Además, el objetivo último de estas ciudades es la eficiencia económica, es decir, conseguir la mejor manera de rentabilizar los recursos pero con el menor coste posible, por lo que en definitiva es una opción con la que salen ganando todos los actores implicados: empresas más rentables, ciudades más sostenibles.

Imagen

¿Qué queremos que sean?

Soluciones no sólo tecnológicas
Es necesario ser críticos con el implante y desarrollo de las tecnologías al servicio de la sociedad, pues deben concebirse como tales: herramientas para mejorar la calidad de vida del ciudadano, convirtiendo a éste a la vez en partícipe del cambio. Carles Cabrera, director general del Institut Cerdà, analiza en qué ámbito se han aplicado las nuevas tecnologías y por qué debe redireccionarse el proceso en favor de todos. El director destaca que la mayoría de nuevas alternativas son más bien tecnológicas y señala concretamente que el 59 % se dirigen a modificar un aspecto de este tipo, mientras que sólo un 7% pretende enfocar la mejora del servicio a partir de una perspectiva global. En este sentido, cabe añadir que han sido muchas las soluciones que se han vendido como smart −que debería englobar términos como mejora y participación social−, cuando en realidad no escapan del ámbito concreto de la tecnología. Entre otros, y según el Cabrera, predominan aquellos que se concretan en un enfoque unitario, como puede ser un semáforo o una farola, en vez de un ampliar el alcance a todo un sistema; o por otra parte, aquellos que pasan por alto la visión transversal −que presupone una mirada en beneficio de la mejora social− y se basan erróneamente en la opción vertical. Un ejemplo en este aspecto es la recogida de residuos a merced de las nuevas tecnologías. Supone una gran aportación tecnológica, pero debe ir ligada, por ejemplo, a mejoras globales del conjunto de barrios, para ir creciendo y conseguir abastecer a territorios mucho más amplios.

Así pues, es importante que los beneficios de los servicios Smart “no se centren únicamente en las oportunidades de la evolución tecnológica”, sino que respondan a corto plazo y con un enfoque más amplio a la cobertura global de los servicios que prestan (Cabrera, Un largo camino por recorrer).

Las ciudades ya existen, ahora deben transformarse
ImagenPara alcanzar el prototipo de ciudad sostenible que pretenden las Smart Cities no es necesario diseñar una nueva ciudad, sino adaptar las actuales a las exigencias y demandas presentes. Con este objetivo, y sobre todo encaminando el proyecto a la eco-sostenibilidad, se pretende conseguir una total producción con fuentes renovables y una ambiciosa disminución de la demanda de consumo. Antonio Martínez, director general de Recerca en Energia de Catalunya (IREC), señala estas dos premisas como las principales y explica cuáles son las características de las zonas urbanas actuales y qué dirección debe tomar la implantación correcta del modelo. Así pues, destaca que el 68% de la población de la Unión Europea se concentra en las zonas urbanas y que son estas las responsables del 70% del consumo de energía y del 75% de la emisión de gases de efecto invernadero. Son los objetivos propuestos en el paquete de Energía y Clima de la UE los que abordan directamente este último aspecto a medio y largo plazo: reducir en un 20% la emisión de gases de efecto invernadero para el año 2020 (respecto al año 1990), y entre un 80% y 90% para el año 2050. Martínez cita además propuestas concretas para la ciudad del futuro, que deberá mantener el equilibrio entre la economía y el medioambiente, sin menguar la calidad de vida de los habitantes de ésta, y añade que como mínimo deberá alcanzarse un sistema con redes conectadas que permitan al individuo ser tanto “productor como gestor de la energía que consume”. Como ejemplo alude a los nuevos modelos de edificios, que supondrán una adaptación de los actuales a un sistema que les posibilite producir e intercambiar energía con el entorno y de forma autónoma, con la intención de reducir el nivel de consumo que presentan actualmente (un 40% en la UE).

En definitiva, es posible afirmar que los proyectos en Smart City serán un buen modelo de ciudad sólo si se consigue una gestión de los recursos e infraestructuras de una   manera equilibrada, rentable y sostenible, que abarque todos los ámbitos –tanto  económico como político o cultural– y que entienda siempre su desarrollo como solución, no sólo tecnológica, al pleno servicio de la sociedad.

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