Cuando una década no es nada

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18 octubre, 2012 por mobilearninguab

Recuerdo a mi padre diciéndome hace unos años que la tecnología poco a poco le iba superando. O a mi abuelo, que en paz descanse, comprándose una máquina de escribir electrónica cuando los ordenadores ya empezaban a formar parte de la vida de las familias de a pie. Mi hermano y yo, entre la inocencia y el descaro, nos burlábamos de él. Estábamos a finales de los noventa. La máquina sigue en el altillo. Dice mi abuela que prácticamente no la llegó a utilizar.

Recuerdo también mi primer móvil. Un Phillips Savvy. El último berrido para un imberbe de catorce años que pretendía empezar el siglo montado en el dólar tecnológico. Con él, la maravilla de poder llamar y enviar SMS me otorgaba total autonomía.

Casi podía comerme el mundo. En aquel lapso de la vida, entre que los padres son tontos y los ‘profes’ unos pesados, necesitas abstraerte lo máximo de toda aquella gente que no te entiende. Es decir, de todo el mundo, excepto de tus colegas porretas del barrio. Quizá nuestros padres o abuelos sólo necesitaban el plan perfecto y una bici. A nosotros, en cambio, ese magnífico aparato combinado con unas partidas al Pro Evolution, nos solucionaban la vida. Conforme avanzan los tiempos, aumenta la vanidad de las generaciones.

Poco más tarde llegó mi primer portátil. Tras conectar una especie de cable telefónico al ordenador, la sinfonía de una especie de tecleo del módem suponía la antesala de una esperada conexión a Internet cuando la tarde se convertía en noche. El plato estrella, claro está, era el Messenger. Nos daba un vuelco el corazón cada vez que el dichoso programa nos informaba de que alguien reclamaba nuestra atención. Teníamos suerte si prolongábamos la estancia en el ordenador hasta después de la cena. Llegar hasta la hora de ir a la cama ya era una proeza.

Ya sin darme cuenta, me empezó a salir barba, aparqué los estudios y Facebook apareció en mi vida. Luego llegaron los Smartphones, el WhattsApp y los Trending Topic. A día de hoy, aún puedo decir que, más o menos, puedo nadar en el océano tecnológico. Digamos que el agua ya me cubre más de la cintura, pero todavía no me llega al pecho. Ahora entiendo lo que decía mi padre. El bueno de mi abuelo alucinaría con tantas cosas. Aunque ya no sé si me reiría de él… dónde las dan las toman.

El que no alucina tanto es Lucas, mi primo. Tiene diez años y casi todas las mañanas me llega uno de sus WhatsApp desde el móvil de mi tía mientras me estoy lavando los dientes. Siempre que llego a su casa, parece muy liado con el iPad. ¡En YouTube hay cientos de cosas del Club Penguin!

En poco más de una década, un niño de diez años ha pasado a dominar como la palma de su mano lo que yo he tardado media vida en aprender. Con su edad, tenía suerte si un día podía echar una partida a la PlayStation (la primera PlayStation, claro está) o ver un película en DVD. A mí ya me han tildado de mimado y de no saber valorar las cosas, pero mi primo se comporta ante su Wii con desdén y ademanes imperturbables. Y por si fuera poco, domina con tremenda suficiencia lo que para su propia madre necesita, cuánto menos, cierta concentración.

Así evoluciona la humanidad. Los aparatos electrónicos van cada día a más y queda claro que cuánto más joven se es, más ventajas existen para adaptarse a la nueva era. Está claro que todo ello aporta cosas a los chavales. Aprenden, sin duda. Pero, ¿cabría preguntarse en qué grado afectará eso a su capacidad de atención, de concentración o de comunicación interpersonal cuando sean mayores?

Hoy en día, tenemos de todo en un solo celular. Llevamos en el bolsillo el antiguo Messenger, la lista de la compra, un mapa de nuestra ciudad o la actualidad de nuestro equipo favorito. Incluso podemos llamar…

Cuando el profesor nos propuso trabajar la temática del Mobile Learning, reconozco que no sabía exactamente de lo que hablaba. Pero nada más salir de clase, al sonar mi móvil y ver que era mi primo, la cosa empezó a tomar cuajo.

PD: Pero por si no os ha quedado claro todavía, aquí tenéis una de las confusiones que se generan en las nuevas generaciones.

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